viernes, marzo 04, 2011

Repasando Punto de Vista (II)

Una de mis obras favoritas del festival y parte de mi binomio particular en la porra del palmarés era Erie (2010) de Kevin Jerome Everson. Everson emprende un fascinante retrato de la comunidad negra junto al lago Erie, en su Ohio natal, 'narrado' a través de varias tomas únicas de las diversas rutinas y actividades repetitivas, aunque plenamente humanas, de sus participantes. Obreros pegando carteles, una niña mirando fijamente una vela, dos jóvenes ensayando movimientos de esgrima, un celador ordenando tijeras para esterilizar... Erie logra mostrar a la vez esa cotidianeidad inevitable y repetitiva como su belleza.

Erie (Kevin Jerome Everson, 2010)

El largometraje de Everson fue precedido por la proyección de la última pieza de la neoyorquina Jeanne Liotta: Crosswalk (2010). Sin llegar al nivel de Observando el cielo (2007), Crosswalk nos lleva a un fascinante viaje por las diversas comunidades del Lower East Side de Manhattan y sus procesiones de Semana Santa. Al igual que en su precedente obra, el sonido es parte fundamental de la película: el ambiente del tráfico, los pájaros, la música popular y los cantos de los procesionarios, el soniquete de una furgoneta de helados... sirven de contrapunto a las imágenes en super8 en su mayoría montadas en cámara.

Crosswalk (Jeanne Liotta, 2010)

Después llegaría la película ganadora del premio del público (y merecedora de algo más) Color perro que huye (2011) de Andrés Duque. Color... es la película más personal de su director, un trabajo de patchwork íntimo a partir de imágenes acumuladas durante años, descartes, vídeos extraídos de internet... que articula documental y ficción en una secuencia poética que supera mis limitadas capacidades de descripción. Color perro que huye hay que, fundamentalmente, sentirla.

Color perro que huye (Andrés Duque, 2011)

La peor obra proyectada en el festival, aunque no del todo inesperada, fue la sesión especial dedicada a la Correspondencia entre Jose Luis Guerín y Jonas Mekas. Se proyectaron siete de las nueve cartas realizadas para el proyecto, que alternaban entre un Guerín excesivamente ortodoxo, respetuoso y a veces vanidoso y un Mekas juguetón que buscaba romper el excesivo envaramiento del primero. En palabras de uno de los asistentes, ha estado bien verlo, 'aunque sea para ver lo que no hay que hacer'.

Tras una inane e infantil Talking heads (Muslim women) (2010) de Fathima Nizaruddin llegaba True Love (2010), el primer largometraje de Ion de Sosa. Con un punto de partida apenas tratado en el cine español: el retrato íntimo, desnudo en lo físico y lo psicológico de la relación amorosa de su director con su novia Marta durante su estancia en Berlín, y la siguiente ruptura. El proceso de desnudez y revelación de la relación es asombrosaamente 'sincero' sin caer en ningún momento en el sentimentalismo. Pero filmar la ausencia no es sencillo, y en esto True Love, por desgracia, falla. Las secuencias del trabajo en Berlín, la casa vacía y sus alrededores, que debieran transmitirnos el vacío que siente el director tras la marcha de Marta no logran su objetivo y quedan como un lastre al final de la película. Aun así, una obra que merece verse y que genera muy buenas expectativas sobre las próximas obras de su autor.

True Love (Ion de Sosa, 2010)
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